Tras años de espera, Madrid vivió ayer uno de los conciertos más esperados por los fans del indie rock alternativo, Twenty One Pilots aterrizó en la capital este 21 de abril de 2025 para presentar Clancy, su último álbum, en un Movistar Arena completamente entregado desde el primer minuto. Desde la entrada al recinto se respiraba emoción. Los fans, muchos de ellos con merchandising y pancartas, compartían cánticos, palmadas y momentos de euforia mientras calentaban motores con la banda telonera Balu Brigada.
El estallido llegó cuando Tyler Joseph, vocalista del dúo, apareció sobre el escenario con su habitual balaclava, ocultando su rostro mientras el ritmo frenético de “Overcompensate”—primer single de Clancy—abría el espectáculo. A su lado, Josh Dun marcaba el compás con una energía desbordante desde la batería. Fue el arranque perfecto para un concierto que mantendría su intensidad durante más de dos horas y media.

Una producción visual de otro nivel
La banda, Twenty One Pilots, sorprendió con una escenografía impactante, llena de luces, proyecciones, humo y efectos visuales que convirtieron cada canción en un pequeño universo. Uno de los momentos más emocionantes de la noche fue “Car Radio”, coreada a pleno pulmón por todo el recinto. La sorpresa llegó cuando Tyler, en un giro inesperado, apareció en lo alto de las gradas para cantar entre los fans, desatando la euforia general.
Este contacto directo con el público, con Twenty One Pilots, se repitió a lo largo de todo el show. El dúo no dejó de moverse por el escenario, interactuar con los asistentes e incluso bajarse a la pista para cantar rodeados de fans. Una muestra más de la conexión tan especial que tienen con su comunidad. Esa cercanía quedó aún más patente en “The Judge”, cuando proyectaron un vídeo grabado esa misma tarde con los fans que hacían cola en los alrededores del recinto. Un gesto de cariño que provocó lágrimas y gritos de emoción entre el público.
Si algo quedó claro en Madrid es la impresionante variedad de registros que maneja Tyler Joseph. En apenas unos minutos, podía pasar de un susurro a capela a un rap trepidante, y de ahí a desgarradores guturales propios del metal. En “Tear In My Heart”, lo vimos con un ukelele en mano, uno del gran repertorio que el americano tiene en su haber tras una larga carrera musical. El piano, la guitarra eléctrica o la acústica son algunas de los sonidos que Joseph mostró dominar la pasada noche en Madrid.

Un setlist ecléctico
El repertorio fue un viaje sonoro por toda la discografía de la banda. Canciones nuevas como “Backslide”, con una puesta en escena hipnótica, se mezclaban con clásicos como “Stressed Out”, “Heathens”, “Ride” o “Jumpsuit”. El público madrileño no solo acompañó cada letra, sino que muchas veces lideró el espectáculo: en varias ocasiones, la banda se detuvo para escuchar cómo coreaban sus canciones.
La complicidad fue total. En “Heathens”, el público participó activamente al gritar el “watch it” al unísono, mientras los fuegos artificiales y los juegos de luces hacían temblar el recinto. Hubo también espacio para la emoción y la ternura. Tras un breve descanso, Tyler y Josh reaparecieron caminando por el centro de la pista, saludando y chocando manos con los fans. Se subieron a dos pequeños escenarios en el fondo del Movistar Arena, desde donde interpretaron “Routines in the Night”, en una de las secuencias más íntimas del show. Más tarde, pidieron al público que apagaran y encendieran las linternas de sus móviles al ritmo de “Mulberry Street”, creando un cielo estrellado improvisado.

Una escenografía final de Twenty One Pilots de película
De vuelta al escenario principal, la escenografía se transformó en una especie de fábrica con tubos gigantes, luces industriales y llamaradas de fuego, justo antes de atacar con “Nico and the Niners”. La intensidad se mantuvo hasta el último acorde. En “Doubt”, Tyler lució una camiseta de tirantes estilo baloncesto con la palabra “Madrid”, lo que provocó una ovación ensordecedora. Al final de la canción, lanzó la camiseta al público, que se lanzó a por ella como si fuera un trofeo. Antes del cierre, llegó uno de los momentos más tiernos de la noche: durante “Ride”, invitaron a un niño del público a cantar con Tyler. El pequeño se ganó a todos con su desparpajo, y fue el broche perfecto para una canción ya de por sí inolvidable.
El penúltimo tema fue “Stressed Out”, cantado a pleno pulmón por todo el Movistar Arena. Y para cerrar, decidieron montar una pequeña tarima circular en el centro de la pista y, rodeados de sus fans más fieles, tocaron el último tema de la noche. Un cierre íntimo, simbólico y tremendamente potente que puso el punto final a un concierto que ya es historia para Madrid.

